¿Escuchaste hablar del síndrome del Impostor?

El Síndrome del Impostor es un término que se puede definir como la incapacidad de asimilar nuestro propio éxito y tener la sensación de que no somos lo suficientemente buenxs para una tarea. ¿Cómo afecta esto nuestro día a día? Algunas reflexiones para entenderlo
Sí soy capaz de hacer eso que pienso que pienso que no puedo hacer
El Síndrome del Impostor es mucho más frecuente de lo que creemos.

Para ponerlo fácil, el Síndrome del Impostor genera la idea de que “vendemos humo” frente a lxs demás. Hace poco menos de 2 años, cuando la pandemia ya anunciaba a gritos que la cosa iba para largo, vi un video de Laura Ribas hablando sobre este tema y quedé impactada. Dije “listo, soy yo”. Los ejemplos que daba en el video eran tan iguales a mis sentimientos que hasta le escribí.

Algunas ideas eran: “no soy tan buena como para lanzarme sola”, “hay mil personas que saben más que yo”, “seguro que se dan cuenta de que me falta aprender un montón”. Estos sentimientos en general se compensan con una autoexigencia altísima, exceso de horas de trabajo, e incluso, haciendo más que lo que corresponde porque “no se está a la altura de las circunstancias”. Ahí nos volvemos “multitaskers crónicxs”, y obvio, cuando hay logros personales, no son por la propia capacidad sino por circunstancias externas, golpes de suerte, etc. 

Y lo peor de todo: en algún momento las personas se van a dar cuenta de todo esto. Un combo fatal que nos pone al límite del agotamiento y nos deja la autoestima por el piso. 

Así, leyendo, viendo charlas y buscando info fui encontrando muchas colegas, amigas, conocidas que sentían algo similar. Todas mujeres, algo que no me sorprendió. El Síndrome del impostor está en masculino, pero somos las mujeres quienes más lo sentimos. El modelo de sociedad patriarcal ha fomentado por años estereotipos de género que ponen a la mujer en un lugar de inferioridad. ¿Cuántas veces se atribuye el éxito de una mujer a que se acostó con alguien o es “la esposa de”? Y en el ámbito laboral esto es más recurrente aún.

¡A valorarse!  

Cuando hablo de recuperación, lo pongo en estos términos porque creo que no desaparece de un día para el otro. Sin embargo, poder identificarlo e intentar revertir la sensación ya es un gran paso. En esta Charla TED Louise Curtis hace una analogía vinculada a su banda preferida que me pareció genial.

Dos cosas que me sirvieron mucho fueron, en primer lugar, admitirlo y ponerlo en palabras. Aunque me daba mucha, pero mucha vergüenza, lo charlé con amigas y colegas (ahí fue que descubrí que lo mismo le pasaba a otras). Les sorprendería ver cómo nos cambia escuchar nuestras propias palabras en voz alta. Es un ejercicio muy interesante de de “decir” 

Lo segundo fue dejar de compararme con otras personas. La comparación alimenta esto de formas muy nocivas. Y como siempre me comparaba con quienes tienen mayores recorridos que yo, la inseguridad era inevitable. ¡Basta de comparaciones que no llevan a ningún lado! Cada quien con su caminito, y a transitarlo como se puede. 

Admitir mis inseguridades y aprender a convivir con ellas es algo que encuentro muy sanador. Saber que hay otrxs en la misma y hablar del tema, al menos cambia la perspectiva. Por último, es muy importante no perder de vista que nada reemplaza la terapia. Si esto resulta paralizante para vos, es fundamental consultar a profesionales. ¿Alguna vez te sentiste así? 

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